SU ESTATURA se ha agrandado aún más con el paso del tiempo; pasaron 20 años de aquel domingo brillante de sol en Lobos, pero oscuro en los corazones de los que aman los fierros, como uno, como tantos y tantos.

Ah!, ese domingo triste y asfixiante en Lobos; uno de los momentos más duros y que más me conmocionaron en esta apasionante vida periodística, que aún hoy me lleva a deambular de un lado a otro detrás del ronronear de los autos de carrera. De trato afable, medido, jamás desmadrado en sus palabras, Roberto Mouras, grande de verdad del automovilismo argentino; su imagen me quedó grabada sobretodo como un ser humano exquisito, educado, medido, con un costado social sensible; con unas enormes ganas de disfrutar la vida en la que Toro viejo nomás, supo estar invariablemente bien rodeado por amigos y bellas damas.

Roberto buscó con afano ese campeonato del 92; que cosa ¿no?, idolatrado por los hinchas de Chevrolet, nunca pudo ganar un título con la marca de sus amores. Los tres que abrochó fueron con Dodge. Me quedó grabado a fuego aquella tremenda imagen de la televisión que daba los pasos iniciales en las carreras de TC; la Chevy azul y blanca corriéndose hacia la izquierda del camino, cerca de un puente, hasta estrellarse con el costado de Roberto contra ese maldito talud de tierra; medida de seguridad habitual por entonces en las carreras ruteras… El auto enseguida dando vueltas sin control sobre su eje, hasta detenerse, mudo, inerte.

 

Lobos, la última curva; Mouras, la Chevy azul y blanca (foto blog automovilismo.total)

 

Se había apagado la vida de Roberto Mouras y, tres días después, la de su acompañante Amadeo «Huevo» González.

Tantas veces en trasnochados cafés, hasta alguna vez en medio de cibernética música en un reducto alemán, hablando de corredores distintos se mezcló el Toro con otros gigantes. Incluso entre los que habitaron del otro lado del Atlántico. En el fárrago de anéctodas, no sé cuantas veces habré contado lo vivido ese domingo 22 de noviembre del ´92. No exagero si digo que la misma sensación de ahogo, estupor e impotencia me volvieron a acosar cada vez. Y desde ya, mucho más cerca en el tiempo, el 13 de noviembre del año pasado en Balcarce, ante lo irremediable de Guido Falaschi en Balcarce, el recuerdo de Mouras me asaltó…

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El rugido incomparable de los autos de TC, era seguido con los ojos clavados por una multitud atrás de los alambrados en Lobos, de esas que ya no abundan. Era una carrera hirviente, un campeonato se jugaba y después iba a quedar sólo una más; como el Toro, querían el título Oscar Aventin y Juan Manuel Landa. Mouras ganaba, iba en el aire empujado con el corazón por sus hinchas. Hasta que se interpuso ese maldito talud y todo acabó, así tan de repente como brutal.

La carrera se paró, el gentío; todos los que estábamos bajo el sol de noviembre en Lobos empezamos a mezclar conmoción e incredulidad. El silencio pesado -algo que tampoco nunca olvidaré- de esas almas que hasta instantes eran fervor y pasión, tapizó el lugar. Increíble, las imagenes pasaron a ser de una película muda; las miradas clavadas en el piso, perdidas; cuantos aún mayores y curtidos, no pudieron contener el llanto amargo y crudo. Los corredores con sus autos parados en plena ruta, arrodillados, transpirados por el esfuerzo, con esos buzos antiflama «tela de cebolla» empapados, cascos en mano no entendían lo inentendible. Roberto había caído.

Su cuerpo fue llevado en una ambulancia al Hospital de Lobos, también el del Huevo González aún con vida. La muchedumbre como queriéndo hacerle el aguante al Toro que tanto quisieron se agolpó alrededor del lugar. ¿Cuántos fueron los que, vaya quimera,esperaron un milagro?. Horas después, los restos del Toro fueron sacados del hospital; debieron hacerlo por sobre una cerca alta de arbustros para depositarlo en la ambulancia que lo iba a trasladar a Carlos Casares, su ciudad que claro, lo lloraba.

Por entonces era inimaginable pensar en una laptop, internet, una sala de prensa donde trabajar; luego de cada carrera de TC en ruta, empezaba la otra y peligrosa carrera: volver lo antes posible a Buenos Aires, a la redacción de Diario Popular en mi caso, para narrar lo ocurrido sobre una máquina de escribir Olivetti. También me vuelve a la memoria, lo difícil que fue volcar en las teclas, lo vivido; la muerte de Roberto taladraba y asfixiaba. A medianoche una vez, cerrada la edición, le sucedieron unas pocas horas de sueño después de semejante día tan duro y triste; a la madrugada del lunes la partida hacia Carlos Casares. Allá, en el primer piso de la Municipalidad, lo velaron a Roberto. A diferencia de Lobos, el cielo se había pintado de gris, pero el silencio profundo y pesado, era el mismo; la ciudad era una foto.

Había nacido en Moctezuma, pueblito cercano a Carlos Casares, el 16 de febrero de 1948; empezó a correr en zonales a los 18; ganó la primera con Chevrolet 400 de Turismo Mejorado; en TC debutó en el ´70 con un Torino, corrió 50 veces, la última post morten en Lobos; ganó 27 con Dodge y 23 con Chevrolet, tricampeón 1983-1984-1985. Ah!, como no mencionar al mítico «7 de Oro», la Chevy dorada de Old Smuggler con la que logró el récord de 6 victorias al hilo.

Levanto la mirada y lo veo en una foto en blanco y negro que tuve el gusto de compartir, en Tandil; vestido impecable como siempre, las manos en el bolsillo del jean; mientras garabateaba mis apuntes en la libreta lo percibía, estaba frente a un Grande y se me ponía la piel de gallina, como ahora…

Por Carlos Saavedra

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6 COMENTARIOS

  1. muy buen relato..yo era chico y todavia lo tengo grabado cuando volco con la dodge en el semipermanente de bahia blanca estabamos sobre la ruta 3 y el venia sobre la ruta vieja(asi la conociamos) para empalmar con la 3 en una curva bien cerrada tipica de los semipermanentes y fue impresionante ver los tumbos que dio hasta que la polvareda tapo todo..fue uno de los accidentes mas fuertes recordados por el..y ni hablar me acuerdo de la chevy cuando asomaba la trompa con la publicidad de plasticor sobre la ruta 229..que recuerdos..

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  2. Tremenda crónica Carlos, hecha con el corazón y recibida por el corazón de los que te leemos. Merecido homenaje. Gracias.

  3. MUY LINDA NOTA, YO ERA MUY CHICO . TAN SOLO TENIA 12 AÑOS Y NO TUVE EL HONOR DE VERLO CORRER A MOURAS
    PERO POR ALGO SE CONVIRTIÓ EN LEYENDA . ABRAZO GRANDE.

  4. Carlos gracias por la nota, no podia creer en la nota de unos dias atras que nadie
    escriba un comentario, yo aprendi a querer el tc viendolo a el, Mouras Satriano
    Morresi fueron mis idolos y aprendi a respetar a tipos como Castellano,
    lo del toro, el pato y lo de ayrton creo que fueron los dias mas tristes de mi vida.
    yo estuve en lobos ese dia y entiendo tu sentimiento, de nuevo gracias por la nota!

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