DOS EPISODIOS

Ambos en este caso, vinculados al Turismo Nacional, reflejaron que así como en el país desde hace demasiados años, en el automovilismo entre otros items que no funcionan, pueden mencionarse a la falta de respeto, educación, ética, donde sobrevuela una incultura que agobia.

Son frecuentes hasta el cansancio, las disputas en las pistas, que suelen continuar verbalmente cuando finalizan las carreras, entre pilotos que han tenido encontronazos de los que se reprochan mutuamente. Nada nuevo.

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Se puede decir que forman parte del folclore del mundo de los fierros, que datan de muchos años atrás, sin excepción de categorías. En eso de discutir y chicanearnos entre nosotros, los argentinos la sabemos lunga.

Sobre Bessone recayeron durísimas acusaciones, en términos desafortunados por parte de Pipkin.

Ahora cuando aparecen acusaciones que se meten en cuestiones personales, que hasta pueden ser injuriantes, la raya se supera, los límites se quiebran.

Fue lo ocurrido ante las desmedidas y tan desafortunadas declaraciones del piloto bahiense Juan Pipkin.  Su censurable actitud no hubo que buscarla en los cuestionamientos vertidos, sino en la forma de manifestarse en las declaraciones al programa radial “Derrapando” de Bahía Blanca, antes de la carrera de TN en Neuquén. Lo hizo en un tono descalificador, con durísimos y hasta agraviantres cargos a Tito Bessone, en el terreno personal y en el conductivo. En este sentido, descalificando las aptitudes de Bessone para conducir un auto de TN, al decir “tiene más de 70, ya no puede manejar”, o que luego de unas pruebas, Bessone se “bajó “blanco” del auto porque no lo pudo llevar”.

Hay formas y formas de expresar los desacuerdos. Como lo hizo el bahiense Pipkin, se despistó muy feo.

La desmesura verbal de Pipkin, quien se vio involucrado tiempo atrás en serias causas judiciales, se produjo como el mismo afirmó, hablando “en frío y no en caliente”, tildando de “muy mala persona” a Bessone. Después Pipkin pisó el freno y se disculpó con Bessone y su familia, retractándose en público en su cuenta de la red social Twitter.

El entuerto se originó porque, al parecer, Tito se opuso a que Pablo Arana quien atiende los Toyota Corolla de la Clase 3, motorizados por Esteban Pou, equipo regenteado por Bessone, le atendiera otra unidad al bahiense con la supuesta amenaza por parte del ex campeón de TC y TC 2000 que de hacerlo, se llevaba los coches al taller de otro preparador. ¿Acaso lo que habría sostenido Bessone, pudo haberse originado en una decisión superior?

Sigamos. Bessone tuvo otro encontronazo, en la pista de Centenario; fue con Julián Santero. Según el pibe mendocino, Bessone lo tapó cuando iba en su vuelta rápida. Y luego no tuvo más feliz idea que, devolverle la atención al frenarle adelante, hecho que admitió sin inmutarse.

Ante pilotos, sanguíneos, tantas veces de actitudes extemporaneas, la dirigencia de las categorías en que participan, en el caso del TN, el presidente Hugo Paoletti y el resto de la directiva, no pueden mirar hacia otro lado. Deberían involucrarse en hechos de esta naturaleza, que van en contra de la condición humana como dato esencial y, luego, lastiman la imagen de la categoría. Las autoridades que fiscalizan al automovilismo nacional, también tendrían que tomar cartas en asuntos que exceden lo deportivo.

¿Son para sorprenderse episodios de esta naturaleza, ante lo que percibimos a diario en el país? Acaso, ¿el automovilismo no es una forma también de reflejar como se vive en el país?

Así estamos, la decadencia no deja de acecharnos…

 

Fotos: Prensa APAT

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